sábado, 5 de septiembre de 2009

ESTAR ENAMORADO 
 
Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre
 justo de la vida.
Es dar al fin con la palabra que para hacer frente a
 la muerte se precisa.
Es cobrar la llave oculta que abre la cárcel en que
 el alma está cautiva.
Es levantarse de la tierra con una fuerza que
 reclama desde arriba.
Es respirar el ancho viento que por encima de la
 carne se respira.
Es contemplar desde la cumbre de la persona la
 razón de las heridas.
Es advertir en unos ojos una mirada verdadera que
 nos mira.
Es escuchar en una boca la propia voz
profundamente repetida.
 Es sorprender en unas manos ese calor de la
perfecta compañía.
 Es sospechar que, para siempre, la soledad de
nuestra sombra está vencida.
 
Estar enamorado, amigos, es descubrir dónde se
 juntan cuerpo y alma.
Es percibir en el desierto la cristalina voz de un río
 que nos llama.
Es ver el mar desde la torre donde ha quedado
 prisionera nuestra infancia.
Es apoyar los ojos tristes en un paisaje de cigúeñas
 y campanas.
Es ocupar un territorio donde conviven los
 perfumes y las armas.
Es dar la ley a cada rosa y al mismo tiempo recibirla
 de su espada.
Es confundir el sentimiento con una hoguera que
 del pecho se levanta.
Es gobernar la luz del fuego y al mismo tiempo ser
 esclavo de la llama.
Es entender la pensativa conversación del corazón y
 la distancia.
Es encontrar el derrotero que lleva al reino de la
 música sin tasa.
 

Estar enamorado, amigos, es adueñarse de las
 noches y los días.
Es olvidar entre los dedos emocionados la cabeza
 distraída.
Es recordar a Garcilaso cuando se siente la canción
 de una herrería.
Es ir leyendo lo que escriben en el espacio las
 primeras golondrinas.
Es ver la estrella de la tarde por la ventana de una
 casa campesina.
Es contemplar un tren que pasa por la montaña con
 las luces encendidas.
Es comprender perfectamente que no hay fronteras
 entre el sueño y la vigilia.
Es ignorar en qué consiste la diferencia entre la
 pena y la alegría.
Es escuchar a medianoche la vagabunda confesión
 de la llovizna.
Es divisar en las tinieblas del corazón una pequeña
 lucecita.
 
Estar enamorado, amigos, es padecer espacio y
 tiempo con dulzura.
Es depertarse una mañana con el secreto de las
 flores y las frútas.
Es libertarse de sí mismo y estar unido con las otras
 criaturas.
Es no saber si son ajenas o si son propias las
 lejanas amarguras.
Es remontar hasta la fuente las aguas turbias del
 torrente de la angustia.
Es compartir la luz del mundo y al mismo tiempo
 compartir su noche obscura.
Es asombrarse y alegrarse de que la luna todavía
 sea luna.
Es comprobar en cuerpo y alma que la tarea de ser
 hombre es menos dura.
Es empezar a decir siempre y en adelante no volver
 a decir nunca.
Y es además, amigos míos, estar seguro de tener las
 manos puras.

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